Francisco Durand: "Ahora estamos en la república empresarial"
Ojo Público
ENTREVISTA. Los investigadores Francisco Durand y John Crabtree acaban de publicar un estudio esencial para comprender el escenario en que estalla el escándalo de Odebrecht y los síntomas de corrupción más graves desde la dictadura de los años 90. El tema esencial es la captura del Estado por parte de las élites económicas, en un país con partidos pobres y con organizaciones sociales dispersas. Como explica Durand en esta conversación, el panorama es dramático.
Hay una persona que durante años estuvo advirtiendo del escenario convulso que estamos viviendo ahora: las relaciones perversas del dinero y la política. De pronto han quedado expuestas, más que nunca, en una trama que mezcla a millonarios y presidentes, ejecutivos y altos funcionarios, empresas gigantescas y países en subasta. Francisco Durand, un sociólogo que conoce la cima de esa pirámide, lo denomina la “captura del Estado”. En un giro que quizá no esperaba tan pronto, los temas que lo obsesionan son ya parte de la discusión de la calle: todo el mundo habla ahora de los expresidentes que recibieron presuntas coimas de la empresa Odebrecht, y del carrusel de dinero que ha corrido por lo bajo durante más de veinte años. Durand acaba de sumar un aporte para entender la trama: un libro titulado “Perú: Élites del poder y captura política”, en coautoría con el investigador de Oxford John Crabtree.
Hasta hace un tiempo, sus investigaciones sobre el poder económico eran consumidas por un público académico y político. Pero este es un momento en que el poder mismo ya es un tema cotidiano, de la gente que ve los negociados de empresarios y políticos en su variante más obscena. Me pregunto si ahora le provoca decir: se los dije.
Sí, en parte, estuve investigando por mi cuenta cómo se organiza el poder económico, cómo se proyecta la política y cómo también se proyecta a la sociedad: con la publicidad, el consumo, la influencia en los medios. Estas grandes corporaciones nacionales y extranjeras tienen una influencia enorme, pero muchas veces tenía la impresión de que era como si estuviera en una playa y viera pasar un trasatlántico mientras la gente que estaba a mi costado no se daba cuenta. Sin embargo, creo que, desde la elección de Humala en adelante, y sobre todo con la elección de Kuczynski, ya hay como una especie de conciencia nacional, hay más gente que está diciendo: ‘caramba, allá al frente hay un buque enorme y tenemos que verlo’. Con Ollanta porque, como ahora sabemos, terminó siendo influido por el dinero. Empezando por el financiamiento de su campaña, pero además por sus reuniones privadas con Dionisio Romero Paoletti, y finalmente por lo que en izquierda llaman la traición: cuando (los empresarios) le dijeron ‘Te vamos a dar una lista de nombres para el Ministerio de Economía y Finanzas’, y el aceptó. A partir de ese momento se tuvo la noción de que estaban capturando el Estado. Y después con la elección de Kuczynski, que viene de ese entorno de empresas trasnacionales, fondos de inversión, tecnócratas vinculados a los organismos financieros internacionales. Kuczynski es el hombre de las trasnacionales. Y las trasnacionales son las que tienen mayor poder económico en el Perú, y ganan las elecciones.
Hace un tiempo dijo que no se explicaba qué le habían ofrecido a Humala para que diera ese cambio. Ahora que él ha terminado preso, parece el caso más flagrante de uso y descarte de un presidente.
Lo capturaron, lo usaron y después lo desecharon. Siempre he sostenido que Ollanta Humala fue influido desde muy temprano, desde antes de la primera vuelta, por el poder económico. Era un hombre que le gustaba tener reuniones privadas con todo tipo de personajes. En una ocasión él me contó que se había reunido con Dionisio Romero Paoletti y ahí me llamó la atención, y dije, bueno, aquí hay algo curioso: cómo es posible que él los critique en público, y de pronto, se reúne [con ellos] en privado y parece tener una relación amigable. Ahora ya está mucho más claro que en realidad tenía una debilidad por el dinero enorme, y una sed de riqueza contenida, y que probablemente ha aumentado por el rol de su mujer. Las élites del poder, los dueños de las grandes empresas nunca le tuvieron confianza, ni a él ni a Nadine. Por más que él les entregó el Ministerio de Economía y Finanzas y puso la economía en piloto automático y cedió a muchas de sus presiones. Creo que siempre desconfiaron de él, de que pudiera dar una voltereta a la izquierda, y había que liquidarlo políticamente, de una vez y para siempre.
¿Usted diría que esa reunión con Dionisio Romero fue como el punto metafórico de su relación con lo que llama en este libro ‘los poderes fácticos’?
Así es. Los grupos de poder logran mantener una influencia enorme en el Estado y directamente en la sociedad -vía la publicidad y el apoyo de los medios de comunicación-, pero ellos no saben qué va a pasar en la próxima elección. Como en realidad no generan mucho empleo directo, y como al mismo tiempo plantean que el Estado sea pequeño y por lo tanto que no debe ser un gran empleador, hay una gran masa de peruanos con los cuáles ellos tienen muy poca relación. Para ellos, la orientación política o las preferencias electorales de la gran mayoría de peruanos, sobre todo los pobres, es una incógnita. Entonces viven de gobierno en gobierno. Cada cinco años se renuevan sus temores y preocupaciones. Y así va a ser en la próxima elección.
Esta idea de ‘los poderes fácticos’ se usa en discusiones comunes con un sentido conspirativo y a veces hasta casi esotérico. ¿Podría explicarla en nuestro contexto?
Básicamente es la idea de que el gobierno no es el poder, sino que simplemente es una entidad que le permite a alguien ocupar el Estado por un tiempo. Y que detrás del gobierno hay gente que tiene muchos recursos, muchas influencias, y por lo tanto son, de facto, un poder en la sombra. Entonces, hay términos como “los que mandan” o “los dueños del Perú”, que son una manera popular de identificar estos poderes fácticos. Yo sostengo que el principal poder fáctico del momento son las élites corporativas, tanto nacionales como extranjeras, que además se han asociado mucho. En el pasado se hablaba, por ejemplo, de los militares como un poder fáctico. Incluso de la iglesia. Pero hoy han perdido mucho peso. El gran poder fáctico del momento son los capitales nacionales y extranjeros, y, detrás de ellos, las embajadas y los organismos financieros internacionales. Es decir, las fuerzas externas.
Usted y el profesor Crabtree explican la captura del Estado como un proceso histórico en que las grandes empresas han transformado el Estado a su medida, han puesto a sus ejecutivos en puestos claves de gobierno y han terminado captando a todos los presidentes de los últimos treinta años. Es una explicación tan precisa que invita al pesimismo.
Más que una mirada pesimista, es una mirada realista. Aquí el enfoque de que estamos en una democracia y de que a través de ese mecanismo nosotros decidimos por qué programa se vota y, si nos disgusta, cambiamos en la siguiente elección, es una mirada bastante ingenua. Esa tesis liberal no se corresponde con la realidad. El poder económico tiene acceso preferencial al Estado. Tiene la capacidad de ocuparlo usando la puerta giratoria [el paso de ejecutivos de las empresas a funciones de gobierno y viceversa], como en el caso del premier Zavala. El caso Odebrecht nos ha echado luces sobre la complejidad del fenómeno de captura, porque sabemos con evidencias y testimonios que hay un grupo de empresas, en este caso brasileñas, que usan elementos legales, por ejemplo, la financiación de partidos. La manera en que se canaliza o se declara [esos aportes] puede ser cuestionable, pero es legal. Las reuniones frecuentes de Barata con el presidente García son también legales. Sin embargo, sabemos que en varios casos hubo sobornos. Las grandes corporaciones -particularmente del sector construcción, pero también en otros como el de venta de armas, medicamentos, material educativo, etc.- pueden combinar el soborno con mecanismos legales. Hay otros casos, como la influencia en el MEF, que es más de tipo legal. Y hay casos, como en la policía o justicia, en que puede ser abiertamente ilegal, con el pago de coimas.
Este huaico de corrupción coincide con un momento de relajamiento en las leyes, que favorece a los grupos de poder económico. Esto se ha dado de forma especialmente abierta en este gobierno. ¿Diría que es la prueba de que Kuczynski es la representación más directa y sin caretas de ese poder?
Coincido con eso. Antes lo que ha habido es una forma de dominio o influencia indirecta. De pronto, se le ocurre a Kuczynski lanzarse a la presidencia, y llega a las justas en segunda vuelta, pero es el hombre de las transnacionales, de este tinglado de poder económico. El primer gabinete de Kuczynski es uno de tecnócratas vinculados a las grandes empresas. Incluso ministerios sociales, como el Ministerio de la Mujer, que por un tiempo estuvo en manos de una persona que está identificada con una empresa de gestión de intereses. Entonces, por actos ocultos o manifiestos, llegamos a la misma conclusión. No se dan cuenta. Creen que el poder se puede manejar así, confiando en la ignorancia de la gente y creyendo que, con la promesa de modernidad y manejo técnico, el Perú va a mejorar.
Hace poco la incluyente revista The Economist se preguntaba quién gobierna el Perú. ¿Por qué si PPK es el representante directo del gran poder económico, parece tan débil en lo político? Lo lógico sería que le crearan las condiciones, aunque sea de manera artificial.
El choque entre el Ejecutivo y la fuerza fujimorista en el Congreso no ha impedido que se pasen decenas de decretos legislativos que favorecen el poder económico. Como ves, en el área económica hay acuerdo. Creo que no debemos prestar tanta atención al tema de la negociación y la confrontación entre Keiko y PPK. El tema de fondo es que tenemos continuidad del modelo económico y seguimos con una política de desregulación y nos olvidamos de proteger al consumidor, no tomamos en cuenta los derechos de los trabajadores, y toleramos que el Estado tome decisiones que favorecen a una minoría privilegiada.
El verdadero poder fáctico no está afectado.
No. Gobierno a gobierno, a pesar de que han cambiado los presidentes y los partidos, se mantiene la situación igual. En realidad, lo que vemos es un fenómeno muy interesante: mientras más concentrado y organizado está el poder económico, más disperso y atomizado está el sistema de partidos. Esta conjunción de factores: un centro económico altamente organizado, con experiencia e influencia, más partidos dispersos y oportunistas, favorece abiertamente [al primero], pero genera un problema en el largo plazo, porque nadie sabe si el sistema se sostiene y si en la próxima elección esto va a continuar.
En el libro se explica que la última etapa de reformas, iniciada en los 90, tuvo un fuerte acento tecnocrático en sectores como la economía, mientras que las reformas también urgentes en seguridad o el sistema judicial han quedado hasta ahora irresueltas. Más que un error, era parte de la captura del Estado.
Sí, creo que la llamada reforma del Estado para hacerlo eficiente, transparente y amigable, en realidad tuvo como lógica el transformar los aparatos vinculados a la economía para fortalecer el sector privado, y dentro de este a las corporaciones, y tener una economía de mercado de estándares internacionales. Pero dejaron como segunda prioridad todo el aparato social. Con el paso del tiempo hubo algunas reformas en el tema de salud y educación, pero siguiendo la misma línea: que la educación se base principalmente en lo privado -colegios privados, universidades privadas- y que la salud no comprometa grandes recursos públicos, permitiendo su privatización. La tercera reforma, dónde hay más fracaso y menos resultados, es la del sistema de administración de justicia. El resultado de este orden de prioridades es que tenemos un país con instituciones que son funcionales a la economía de mercado y la globalización económica, mientras que el resto falla. Nunca ha habido en esta élite un plan, una idea, un concepto de que había que hacer una transformación total del Estado y que no se podía abandonar los sectores pobres, que requerían de una buena educación estatal, buenos servicios de salud, buena policía, jueces probos. Estamos pagando ese precio. Eso demuestra que esta élite de poder tiene básicamente una visión de corto plazo. Lo que le interesa es cuánto gana la empresa hoy y cuánto reportan a sus sedes del exterior, en el caso de las trasnacionales. De parte de los grupos de poder nacionales, es la misma lógica: se han aliado con el capital extranjero y bloquean todo intento de planificación y regulación. Pero ellos mismos no tienen idea de cómo cambiar el país. Ahí estamos frente un problema muy serio.
A a la hora de analizar el Perú de estos días, muchos comentaristas, desde trincheras opuestas, suelen comparar la profundidad y efectos de los procesos impulsados por Velasco o Fujimori, que también se analizan en el libro. ¿A cuál se debe atribuir los síntomas más permanentes de lo que vemos hoy?
En los años 89 y 90 hubo un gran debate nacional en torno a esta pregunta que hace el personaje de Vargas Llosa, Zavalita, en “Conversación en la Catedral”: en qué momento se jodió el Perú. Como estábamos en plena crisis -había inflación, recesión y guerra interna-, se decía que con Velasco, porque con él empezó el estatismo, la burocracia, y se trabó la economía. En el 90, Fujimori cierra esa etapa e inaugura una nueva, en que supuestamente iba generarse la paz, por la vía represiva, y se iba a eliminar la inflación, con las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional. Se iba a generar una etapa de crecimiento y bienestar. Luego nos dimos cuenta de que era un proyecto autoritario y corrupto. Llegamos al 2000 y se dijo: bueno, lo que ha hecho Fujimori está bien en la parte económica, pero mal en la política. Toledo tenía el famoso eslogan: Fujimori puso el primer piso, ahora lo que tengo que poner es el segundo piso, la democracia. Ese segundo piso ya se ha construido, sobre bases, en mi opinión, débiles. Y no hemos avanzado lo que debíamos. Si ahora hiciéramos esa pregunta de en qué momento se jodió el Perú, refiriéndonos a la situación contemporánea, yo diría en 1990. Es cierto que hubo logros y desarrollo, y se dice que ha aumentado la clase media y reducido la pobreza, pero creo que allí hay una exageración. Están reclamando méritos que solo tienen parcialmente. Porque en realidad (la mejora de la economía) ha sido efecto de la bonanza exportadora que viene del mercado mundial, y es fácil gobernar cuando hay bonanza. Más bien lo veo como oportunidad perdida. Y ahora vamos a ver cómo aumenta la pobreza y se reduce la clase media, porque volvemos a una normalidad económica, pero no hemos hechos las grandes reformas sociales ni estatales que necesitábamos. En el 2021 deberíamos preguntarnos cómo país: dónde estamos, a dónde vamos y quién nos han gobernado.
En un artículo reciente en The New York Times, Lucho Jochamowitz explicaba al público de fuera que este es un país sin élites. Y en su libro, usted y el profesor Crabtree explican claramente que nuestros gobernantes no gobiernan. ¿Cómo puede funcionar un país así?
Estamos en un país difícil de predecir, inherentemente inestable. Esa siempre ha sido una característica de la historia política peruana. La república o los regímenes no duran mucho. La república guanera colapsó con la guerra con Chile, luego de una transición difícil. Después vino la república oligárquica, que Leguía liquida. Hemos tenido dictaduras y gobiernos de distinto tipo. Y ahora estamos en la república empresarial, que se inauguró en 1990 y continúa a partir del 2000 en condiciones de democracia formal. Una democracia comprada, digamos, que en realidad no corresponde a las aspiraciones de las masas, porque cada presidente que llega al poder ofrece algo que después no cumple, y oculta sus relaciones con los grandes poderes económicos. Creo que el 2021 es una excelente oportunidad para cancelar esta república empresarial, pero hay que trabajar muchísimo para superar ese punto.
La figura metafórica del poder fáctico de los años 80 fue la de los “12 apóstoles” del primer gobierno aprista. En el libro señalan que ahora hay nuevos apóstoles. ¿Qué figura usaría para representar el poder real?
Es cierto que ahora la riqueza se ha democratizado. Hay mucha gente que hace empresa, acumula capital, y algunos pocos han formado grandes grupos de poder económico emergente de origen nacional y popular. Sin embargo, ellos no tienen el poder. El poder reside en los grupos limeños que están asociados, a su vez, con las grandes empresas multinacionales. Ese es el verdadero poder. Habría que ver si estos nuevos grupos, que están comenzando a tantear la política, optan por algo diferente. Pero me parece que tampoco tienen una visión muy clara de país y creen ingenuamente que la política de mercado es la solución. Todavía no veo una nueva clase empresarial peruana de origen popular que tenga un proyecto [de país].
En un fragmento revelador de este estudio se explica que el nuevo mapa del poder económico tiene muchos elementos de continuidad con el pasado: la tierra ha vuelto a concentrarse, las élites económicas han vuelto a supeditarse al capital extranjero y las industrias extractivas en especial la minería, mantienen el dominio como motor de la economía. Es como una regresión.
Se ha conformado una élite del poder, que es más burguesa que aristocrática, mejor formada, por lo menos para dirigir las empresas. Uno podría definirlo como una nueva oligarquía. En Estados Unidos, por ejemplo, se usa el concepto de “corporatocracia”, un gobierno por parte de las corporaciones. Eso en el Perú tiene matices particulares. Yo lo veo como una alianza entre grupos de poder nacional, dirigida por los limeños, con grupos emergentes que van apareciendo en escena y grupos transnacionales de muy distinto origen. Son ellos los que constituyen este núcleo. Y efectivamente, hemos vuelto a privatizar la economía, a extranjerizarla, la estamos concentrando enormemente en corporaciones muy ricas y poderosas. Y eso se ve en la tierra, como en el caso del Grupo Gloria, que tiene casi 90 mil hectáreas de tierra sembrada. Tres veces más de lo que tenía Gildemeister [uno de los mayores terratenientes de fines del siglo XIX e inicios del siglo XX]. Y es un grupo que se va transnacionalizando. Y cuando te transnacionalizas o te globalizas, pierdes el sentido de país. Han hecho toda la apuesta a lo económico y al crecimiento y han sacrificado a la democracia y la Nación. Tenemos que reequilibrar esto.
Cómo hacerlo en un país con el Estado capturado por el poder económico y con frecuentes conflictos sociales debidos al malestar que genera la desigualdad en el acceso a los beneficios del sistema.
En el libro sostenemos que se ha formado una especie de triángulo sin base. En el vértice de la pirámide hay un grupo muy pequeño e influyente que maneja a los gobiernos y les dice qué hacer y que no hacer, dentro de ciertos márgenes, por supuesto. Y la base del triángulo [que reúne a sectores populares] no está organizada. Las nuevas generaciones tienen que mostrar capacidad para organizar las masas, movilizarlas y articularlas en torno a un proyecto.
Cualquier presidente que no provenga del entorno del poder económico tendría que escucharlo en persona para entender el terreno que pisa, cómo afrontar esos poderes fácticos sin ser devorado en el intento. Si llegara el caso, ¿qué le diría?
Le diría lo mismo que le recomendé a Ollanta Humala cuando conversamos: ten mucho cuidado con los poderes fácticos que van a tratar de envolverte. Mantén tu vinculación con el pueblo y mantén tu vinculación con los empresarios, pero en lugar de empezar por los grandes y olvidarte del resto, haz al revés. Empieza con los pequeños y medianos empresarios, luego con las cámaras de comercio regionales, entiende cuál es la lógica del mercado y cómo debes manejar tu programa económico - nadie está planteando nada en contra el sector privado, sino contra los monopolios y la concentración del poder-. A partir de ahí, haz gobierno. Ten esos dos pivotes: mantén tu comunicación con el pueblo organizado y entiende la lógica del mercado. Y finalmente: ten cuidado con las mafias burocráticas, porque vas a estar con muchos frentes, están instaladas en todos los ministerios. Es tarea compleja, pero no imposible.
Cree que suceda algo verdaderamente importante hacia al 2021 o va a ser como cuando llegó el 2000 y no pasó nada de lo que se había previsto.
Cabe la posibilidad [de que todo siga igual], si elegimos a otro Kuczynski, Alan García o alguien parecido. Pero esta vez, como ha terminado la bonanza, es posible que haya mucha presión popular. Un escenario, que no está delineado, pero que tampoco se puede descartar, es que haya tal malestar social que se pida un adelanto de elecciones. La otra posibilidad, más cercana, es que este malestar genere organización, liderazgos y un programa de cambio verdadero, nacional, popular, que nos lleve en esas condiciones a las elecciones del 2021. Algo interesante de remarcar es que, a pesar de todo, la mayoría del país apuesta por la democracia, pero no quiere una democracia secuestrada ni vendida.
http://ojo-publico.com/481/francisco-durand-ahora-estamos-en-la-republica-empresarial
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viernes, 4 de agosto de 2017
ENTREVISTAS 04/08/2017
martes, 4 de abril de 2017
ENTREVISTAS 04/04/2017
"Hablar de feminismo islámico es una absoluta contradicción"
Wassyla Tamzaly
Entrevista a Wassyla Tamzaly escritora, funcionaria internacional y feminista argelina, autora entre otros del libro "Mi tierra argelina".
La escritora argelina sostiene que en el imaginario occidental la mujer árabe ha pasado de ser "combativa y con el cabello suelto a esa imagen de mujer velada". Reconoce que su posición es "incómoda" porque la derecha xenófoba se ha apropiado del discurso contra el velo. La entrevisto para eldiario.es de Andalucía Alejandro Ávila Villares.
El burka como excusa. Terrorismo intelectual, religioso y moral contra la libertad de las mujeres. El título de uno de los libros más famosos de Wassyla Tamzali, feminista argelina militante, deja poco lugar a la imaginación. Tamzali lleva décadas alzando la voz por la igualdad y libertad de la mujer árabe.
Su historia, narra en su libro, es "la conquista de la calle, que desde la infancia hemos podido recorrer, con los cabellos al viento, bajo la mirada cómplice de nuestras abuelas, vestidas de blanco. Nuestra historia es la del desvelamiento (...). Yo, que nunca he estado velada, llevo la historia del velo escrita en mi piel". Abogada en Argelia antes de dirigir el programa de Igualdad de la UNESCO durante 20 años, Tamzali ha continuado su labor por los derechos de la mujer a través de artículos, libros y charlas, en los que se rebela contra la ideología del velo, el feminismo islámico y un tipo de izquierda "condescendiente" a la que tacha de "adepta del relativismo cultural".
Aunque Wassyla entiende que la suya es una "posición incómoda", ya que la derecha xenófoba se ha apropiado del discurso contra el velo (por motivos diametralmente diferentes), recuerda que "lo que está en juego aquí no son trozos de trapos, de colores, de formas y de longitudes diversas, sino visiones del mundo, proyectos de vida diametralmente opuestos". De un lado, los derechos humanos y de otro, un islamismo que ha convertido la dominación de la mujer "en el corazón de esta religión que vive un período de oscurantismo y de absolutismo sin precedentes en la historia del islam".
No posicionarse contra el velo, sostiene la feminista, es oprimir a la mujer en nombre de la cultura y "no hace falta subrayar todo lo que puede transmitir de racismo, orientalismo y resabios culturales esa posición", pues como mantiene el escritor libanés Amin Maalouf (Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2010), "las tradiciones sólo merecen ser respetadas en la medida que son respetables, es decir, en la medida exacta en que respetan los derechos fundamentales de los hombres y las mujeres".
En un encuentro con eldiario.es Andalucía en la Fundación Tres Culturas de Sevilla, la escritora septuagenaria habla sobre feminismo, velos y racismo.
¿Qué significa para usted el feminismo islámico?
Es un oxímoron, una contradicción absoluta. Se puede ser musulmana feminista, hasta se puede luchar por la igualdad en el interior del Islam, pero no es suficiente para que eso sea ser feminista. El feminismo es la deconstrucción del patriarcado, algo que no hacen ellas. Me parece que estas mujeres tienen derecho de existir, pero lo que me molesta no es lo que digan o hagan, sino que su discurso se haya construido para deslegitimar el discurso feminista. Eso sí que me molesta.
¿Es peligroso que en el imaginario occidental la mujer musulmana vaya con velo?
Yo abogo por los imaginarios libres. Occidente no tiene suficiente cultura para saber lo que es el mundo árabe. Es lo que ocurre con los orientalistas. Con la globalización, cualquiera puede saber perfectamente lo que ocurre en Argelia, pero hay periodistas que no hacen ningún tipo de esfuerzo por informarse y al final nos quedamos con imágenes orientalistas que nada tienen que ver con el verdadero mundo árabe.
¿Por qué en el debate sobre el velo no aparecen más mujeres como usted?
El problema es que en el imaginario del que usted habla yo no ocupo lugar, porque la gente no conoce nuestra historia. En mi libro Mi Tierra Argelina, se ve cómo hemos pasado de una imagen de la mujer árabe combativa, con el cabello suelto y que trabajaba en el campo a esa imagen de la mujer velada. Lo que usted dice es muy importante, porque yo siempre digo que cuando se debate, la gente no me ve. Si a mi lado hay una mujer velada, se la va a escuchar y ver a ella, no me van a escuchar a mí.
¿Cuál es la raíz del problema?
La relación con Occidente está contaminada por el colonialismo y por su complejo de superioridad hacia otros pueblos. Occidente tiene dificultad para escapar de esta idea de dominio. Ve el mundo exterior a través de un prisma donde prima lo pintoresco, la diferencia con el otro, cuando la diferencia no es lo primero que se debería evocar cuando se dialoga con el otro.
¿Por qué la izquierda europea parece tener problemas para criticar el burka, como usted critica?
Porque ya no hay izquierda europea. Ya no hay personas de pensamiento progresista y lo han convertido en post-solidaridad. Han dejado de luchar.
¿Entra en juego el tabú del racismo?
Sí, no quieren que nadie los tache de racistas. Son decadentes, viven de ideas decadentes. La libertad se vive como un producto de consumo, como vestir o hacer lo que a uno le dé la gana. Sin embargo, no reflexionan sobre lo que es la libertad y terminan dándosela a personas que no la respeta. Ese no es el sentido de la libertad, no se le puede dar carta libre a los islamistas, para que hagan con ella lo que quieran.
¿Ha empeorado la situación de la mujer tras la Primavera Árabe?
La situación de la mujer está ligada a las mejoras del resto de la sociedad. Las sociedades musulmanes y árabes necesitan hacer su revolución. Sin embargo, cuando esto ocurre, también hay una contrarrevolución. Eso es lo que nos ha enseñado la historia. Las ideas que nacen de una revolución resurgen una y otra vez, mientras que las contrarrevoluciones se pierden. En la plaza de Tahrir (Egipto), las mujeres y los homosexuales salieron a luchar por la libertad, mientras que los islamistas y los militares salieron para detenerlos. Han detenido a unos y otros, pero esas ideas no se han muerto, sino que resurgirán. Cuando una sociedad comprende el sentido de la libertad en sus entrañas, su mente y su corazón, ya no hay nadie que se la pueda arrebatar.
¿Hay esperanza de una revolución feminista en el mundo árabe?
No, la revolución debe ser global. Si los obreros lo hacen por su cuenta es una revuelta de obreros. Si los estudiantes lo hacen por su lado, es una revuelta estudiantil. Si, en cambio, se unen los estudiantes, los obreros y las mujeres, entonces habrá revolución.
http://rebelion.org/noticia.php?id=224879
miércoles, 30 de noviembre de 2016
OPINIONES 30/11/2016
Vuelve, Nadine, vuelve - Fernando Vivas
Razón de Estado - Carmen McEvoy
¡Mariano González, no estás solo! - Mirko Lauer
Constructores de naciones - Antonio Zapata
La captura del Estado: Fujimorismo 2.0 - Sigrid Bazán
Doble tragedia en el fútbol - César Lévano
En nombre del miedo - Luis Davelouis
Fiestas por la muerte de Fidel Castro - Douglas Calvo Gaínza
Razón de Estado - Carmen McEvoy
¡Mariano González, no estás solo! - Mirko Lauer
Constructores de naciones - Antonio Zapata
La captura del Estado: Fujimorismo 2.0 - Sigrid Bazán
Doble tragedia en el fútbol - César Lévano
En nombre del miedo - Luis Davelouis
Fiestas por la muerte de Fidel Castro - Douglas Calvo Gaínza
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Vuelve, Nadine, vuelve
Fernando Vivas
Acá tiene las
cartas en contra, pero por lo menos podría argumentar, dar coartadas,
socializar con gente que no le tenga mala onda, dejarse caer por alguna
marcha #NiUnaMenos, tratar de reconstruir su relación con el mundo caviar al
que traicionó.
Allá, en Roma o en
Ginebra, es una ironía con tacos, un meme con alusiones a sus dos bestias
negras: fugada a lo Fujimori y camino a ser ‘rea contumaz’ como alguna vez
fue motejado Alan García. Peor que Alan, pues este, en su exilio de Bogotá y
París, tenía argumentos para gritarse perseguido político. En su caso, la
intervención de Montesinos en el Poder Judicial deslegitimaba cualquier orden
de captura internacional.
A Nadine, que ni
siquiera ha sido funcionaria en rigor, podría caerle el brazo de la justicia internacional
con celeridad y contundencia si desafía el imperativo mandato de retorno que
le dictó el juez Richard Concepción Carhuancho. La FAO ya empezó a recular en
su designación y no tendría ni siquiera el amparo de la inmunidad funcional
para repeler o retardar órdenes de captura. ¡Vuelve, Nadine, no te queda
otra!
Por cierto, quiero
discrepar con los colegas que sostienen que el gobierno ha dado carne a la
tesis de la persecución. Es cierto que Zavala y PPK han aludido
innecesariamente a lo que pudieron hacer o no el juez y el fiscal del caso,
pero fueron comentarios laterales sobre medidas procesales. No han alentado
la acusación a Heredia ni sugerido su culpabilidad. Y si la cancillería ha
sido vocinglera en su protesta ante la FAO, eso encaja perfectamente en el
muy humano derecho al pataleo de un país que siente que otros se inmiscuyen
gratuitamente en sus fueros. Es simple nacionalismo, no persecución política,
y así lo ha visto la propia FAO al empezar su reculada.
Es cierto que en
el tácito pacto de gobernabilidad entre Fuerza Popular y PPK hay una suerte
de cláusula de repudio común hacia los Humala. Algo así como PPK
comprometiéndose a ser enemigo de los enemigos de quien quiere que sea su
amigo. Pero si ese antihumalismo pareció forzado y posado cuando se buscó la
investidura de Zavala, con el tiempo se ha vuelto auténtico. Los regalitos
que han encontrado los ministros en algunos ministerios no son como para
extrañar a Ollanta y Nadine.
Los reflectores
estarán en primer lugar puestos sobre el oficialismo y la oposición. Nadine
no es ni lo uno ni lo otro, es pura fuga por la tangente de la
judicialización de la política, cadáver político fresco y salado. Tras la
ventolera del retorno con comparecencia, puede ir gradualmente pasando piola y
entrar y salir a sus citaciones fiscales sin tanto alboroto. Vuelve, Nadine,
sería tu último gesto nacionalista, si ese concepto aún significa algo para
ti.
http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/vuelve-nadine-vuelve-fernando-vivas-noticia-1950063
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Razón de Estado
Carmen McEvoy
Entre las
historias que más me impactaron cuando investigaba para mi libro “Guerreros
Civilizadores: Política, sociedad y cultura en Chile durante la Guerra del
Pacífico” está la de Rafael Sotomayor Baeza (1823-1880). Sotomayor, quien
antes de la guerra fue secretario de la región del Maule, intendente de
Concepción, superintendente de la Casa de la Moneda y ministro de Hacienda,
representó al Estado Chileno mediante la figura del “presidente en campaña”.
El concepto anterior –que significó el desdoblamiento de la figura
presidencial– permitió que el Estado vecino participarano solo en todas las
operaciones militares sino también que fuera parte activa de la importante
tarea de ocupar y administrar los miles de kilómetros de territorio
peruano-boliviano obtenidos por la fuerza de las armas.
Abogado de
profesión, Sotomayor estuvo al tanto de cada litro de agua que el soldado
chileno requería para cruzar el desierto de Atacama, así como de todos los
aspectos organizacionales de la guerra, entre ellos la armazón logística que
permitió el triunfo naval en Punta Angamos. La muerte del que, sin duda, fue
uno de los artífices de la victoria de la república sureña en la Guerra del
Pacífico ocurrió en el campamento de Yaras (cerca de Tacna) en vísperas de
una de las batallas decisivas. Un ataque cerebro-vascular le impidió conducir
a los expedicionarios a la batalla que planificó al detalle. Cabe anotar que
días antes de su muerte –producto de un tremendo esfuerzo físico y mental–
Sotomayor recibió una carta de su hija gravemente enferma pidiéndole que regresara
a Santiago para verlo por última vez. Luego de sopesar lo que estaba en juego
para Chile y de consultar con el presidente Aníbal Pinto y su ministro
Domingo Santa María, Sotomayor decidió quedarse en su puesto y no vio morir a
la hija que tanto reclamaba por su presencia.
Al releer las
sentidas cartas cursadas entre Sotomayor y su familia, y las que intercambió
con La Moneda, recuerdo una frase de otro importante burócrata chileno: el
ministro de Relaciones Exteriores, Melquíades Valderrama quien, al igual que
Sotomayor, sirvió durante la Guerra del Pacífico. Los países pequeños y
débiles como Chile, opinaba este hombre de Estado, no podían permitirse la
“política del sentimiento”. Un privilegio que solo poseían las potencias
mundiales. Y es que siguiendo el
modelo weberiano de organización burocrática, los estados y sus
representantes debían actuar de una manera impersonal. La razón, la
precisión, la rutina, la eficiencia y la rapidez en las decisiones son
algunos de los instrumentos que, de acuerdo a Weber, ayudaban a fortalecer al
Estado que, al resguardar, en teoría, el bien público, debía servirse con
extrema lealtad.
De esta
racionalidad, que antepone el interés general al particular, y del protocolo
que debe seguir un funcionario de Estado no entiende ni una palabra el ex
ministro de Defensa Mariano González.
Porque, a estas
alturas, nadie le pide que vaya al Vraem y entregue su vida por el Perú, como
lo hicieron en una situación bélica Francisco Bolognesi y Miguel Grau. Y
mucho menos se le demanda que no se despida de su hija agónica por cumplir su
deber con la república. Lo único que esperábamos del señor González era un
mayor respeto a la majestad y la dignidad del cargo que ostentaba y a los
millones de peruanos que, en teoría, debía defender.
A mí
particularmente me indignó que el ex ministro de Defensa no asumiera su falta
con valentía. En lugar de ofrecer disculpas públicas por su transgresión al
código de ética de la función pública el ex ministro nos confesó “un hecho de
amor”. Como si el Estado Peruano se rigiera por las leyes del amor y no las
de la razón, el sacrificio personal y el cumplimiento del deber. El amor no
es un delito pero la frivolidad y la cursilería con las que este señor
–felizmente separado de su cargo– trata las cuestiones de Estado debe
llevarnos a la reflexión. No es posible que alegremente se cruce la línea
entre lo público y lo privado –usando el amor, la confusión o cualquier
excusa patética– como patente de corso. Al Estado se le sirve con respeto y
lealtad, y quien no pueda controlar sus pasiones y arrebatos simplemente que
no acepte un cargo público. El Perú se lo agradecerá de todo corazón.
Suficientes vergüenzas y humillaciones hemos vivido por las fallas (y qué
decir de las corruptelas) de servidores públicos ignorantes de la enorme
responsabilidad que cargan sobre sus hombros.
http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/razon-estado-carmen-mcevoy-noticia-1950071
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¡Mariano González, no estás solo!
Mirko Lauer
Los
romances de oficina son más frecuentes de lo que se supone, pero quizás menos
frecuentes de lo que se dice. Detectar parejas secretas es una actividad
chismográfica en todos los lugares donde hay oficinistas concentrados. Lo
cual no parece desanimar a los verdaderos protagonistas, camino de un
affaire, un matrimonio, un divorcio o el desempleo.
Los
estudiosos del tema dan como principal motivo pasar muchas horas juntos,
frecuentación que pone en evidencia los gustos comunes y multiplica las
oportunidades. Se podría añadir que existe una cierta ociosidad, o por lo
menos falta de imaginación, en eso de buscar pareja en las inmediaciones del
propio escritorio. Pero también hay motivos menos puros.
El
romance con el jefe o la jefa puede ser un recurso para asegurar el puesto o
para ascender en el organigrama. Una encuesta mundial de CareerBuilder
muestra que la modalidad es frecuente, aunque no siempre con ánimo de
escalamiento. En España 58% reconoce haber tenido citas con alguien
jerárquicamente más importante en la organización, en Holanda 41%.
En
términos generales el romance de oficina produce chisme cuando es sospechado,
pero no es mal visto en sí mismo. Salvo cuando transgrede algunas normas
tácitas: no beneficiar laboralmente al ser querido, no formar parte de un
triángulo (peor si es dentro de la propia oficina), no terminar en un
escándalo.
Si
hubiera que deducir una regla de oro, esta sería que los romances de oficina
exitosos son los que logran sacar la parte amorosa fuera del lugar de
trabajo. Pero en muchos casos eso no es posible, y ocultarle la realidad al
resto del personal es una necesidad práctica, o también una parte importante
de la diversión.
A
comienzos de este año una encuesta de trabajando.com para Perú a más de 2,000
personas (mitad hombres, mitad mujeres) detectó que 39% había tenido un
romance de oficina en algún momento. En su experiencia lo más difícil fue, o
es, disimular, seguido de separar lo laboral de lo personal en horas de
trabajo.
Mientras
tanto el resto de los compañeros se dedicó a dilucidar si había o no romance,
estudiando las señales clásicas: si evitan todo contacto visual, si nunca
dejan la oficina juntos, si ambos llegan antes que los demás, si se topan
demasiado en los pasadizos. Internet está lleno de datos para ese tipo de
detective.
http://larepublica.pe/impresa/opinion/826358-mariano-gonzalez-no-estas-solo
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Constructores de naciones
Antonio Zapata
Buena parte de los
artículos sobre la muerte de Fidel Castro comienzan refiriéndose a las
opiniones tan contrapuestas que han elaborado sus hinchas y detractores.
Comparto esa idea de alejarse de loas y condenas. Pero no voy a ofrecer un
balance de su trayectoria, sino a discutir un concepto que permita
entenderlo.
Fidel pertenecía a
la categoría de los constructores de los modernos estados-nación. Al igual
que Bolívar o Napoleón, la vida de Castro se resume en el esfuerzo por
construir un Estado fundado sobre una nacionalidad orgullosa de su autonomía.
El primero del género fue Oliver Cronwell, que ajustició a un monarca en la
Inglaterra del siglo XVII. Gran Bretaña moderna nació en ese momento gracias
al regicidio de Cronwell, quien se mantuvo en el poder hasta su muerte y
gracias a su obra niveladora, a continuación, Inglaterra quedó anclada en la
economía liberal y en la monarquía constitucional con poder parlamentario.
En el siglo
siguiente ocurrió la revolución francesa que cambió la faz del planeta. La
primera república francesa siguió a la caída de la monarquía y a
continuación, como es largamente conocido, la revolución se tragó a sus hijos
y el poder cayó en manos de un general victorioso, Bonaparte. Luego de
intensos conflictos, Napoleón logró derribar a la república implantando el
Imperio. Al igual que Cronwell, gobernó mientras pudo, en su caso hasta
perder en Waterloo.
En estos procesos,
los constructores de estados-nación se levantaron contra la aristocracia y el
poder del rey. La vieja sociedad había ido cediendo carcomida por el avance
del capitalismo en su seno. Por su parte, Bolívar comparte algunas de estas
características, pero añade la perspectiva anticolonial. En ese sentido,
Bolívar inicia la era de constructores de estados-nación que son libertadores
de un previo yugo colonial.
La zaga de los
libertadores se prolongó durante el siglo XX. Luego de la II Guerra Mundial,
una serie de países de África y Asia cortaron sus lazos coloniales con las
potencias europeas. Había comenzado la descolonización y en ese momento se
inscribe la gesta de Fidel Castro en la Sierra Maestra.
Los nuevos países
independientes tuvieron que optar entre el modelo occidental, liderado por
EEUU, o el modelo soviético conducido por la URSS. En efecto, eran los días
de la Guerra Fría y las tensiones eran fuertes entre ambas superpotencias. A
ese mundo perteneció Fidel y hace ya mucho que ha terminado, en realidad, era
el último superviviente.
Como sabemos, la
lucha entre EEUU y la Unión Soviética nunca fue directa, sino a través de
terceros y Castro fue uno de los grandes protagonistas de esa lucha
planetaria. Además, le correspondió un papel de vanguardia porque su
revolución estaba situada en las barbas del Tío Sam, habiendo asumido su
papel como líder carismático de un bando que finalmente fue derrotado. No
solo apoyó movimientos guerrilleros en Latinoamérica, sino que además peleó
guerras en África y ayudó a obtener resonantes victorias, como en Angola por
ejemplo.
Antes de la
revolución, Cuba casi era un protectorado norteamericano y desde su tardía
independencia no había logrado realmente ejercer autonomía. Ese orden de
cosas terminó con Fidel. Aunque gobernó con los soviéticos no se enfeudó a
ellos y los sobrevivió. Luego de la caída del Muro de Berlín, mientras Europa
del Este se derrumbó como castillo de naipes, Cuba continuó su camino sin
crisis terminal.
Se ha ido el
último de los colosos del siglo pasado y su legado es incierto, aunque sus
camaradas probablemente intentarán abrir las compuertas al capitalismo de
base, manteniendo mientras se pueda el control del partido comunista. El
estilo chino sigue avanzando mientras EEUU opta por el proteccionismo.
http://larepublica.pe/impresa/opinion/826360-constructores-de-naciones
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La captura del Estado: Fujimorismo 2.0
Sigrid Bazán
El día de ayer el
periodista Daniel Yovera publicó detalles interesantes sobre la elección del
nuevo procurador público del Congreso. Fue Luz Salgado, presidenta del
Legislativo, quien envió una lista de tres personas (cada uno personero,
asesor y/o aportante de Keiko Fujimori durante la campaña presidencial
pasada) al Ministerio de Justicia en donde –haciendo lo suyo– escogieron a
Edwin Lévano Gamarra. Y claro, Lévano no solo fue personero de Fuerza
Popular, también ha sido el asesor principal del congresista fujimorista
Julio Rosas.
Ojo, para que no
los sorprenda, la investigación periodística prueba, además, que si bien
Lévano no es militante inscrito, sí aporta dinero al partido de Keiko
regularmente.
Siendo el actual
procurador fujimorista, ¿creen ustedes que se atreverá a denunciar a la
fiscalía en caso tome conocimiento de algún acto ilícito en el Congreso? De
seguro que no, y hay más de una consecuencia negativa en la parcialización de
este funcionario. Pero esta no es la única designación que nos ha estado
preocupando. Recordarán que el fujimorismo ya tiene a José Chlimper, Elmer
Cuba y Rafael Rey en el Banco Central de Reserva, a Víctor Shiguiyama
Kobashigawa, quien fuera regidor de Lima por Cambio 90, ex asesor de Keiko,
entre otros, como jefe de la SUNAT, y parece que también tendrán a Vladimiro
Huaroc en la Gerencia Corporativa y Relaciones Comunitarias de Petroperú.
En resumen, y
citando las palabras de un amigo, “los fujimoristas reciben cargos como uvas
en año nuevo”. El copamiento, la captura del Estado, se da ahora a manos del
fujimorismo. ¿Pero qué hay detrás de todo esto? ¿Un simple pago de favores?
¿O es que PPK se está comenzando a dar cuenta de que necesita a los
fujimoristas alineados con él en el Congreso?
De hecho, el
presidente podría intentar gobernar por decreto, buscar obtener mucha más
independencia. Otros presidentes lo han hecho y, por cierto, ha sido una
práctica bastante común. Sin embargo, el “partido” de gobierno, Peruanos Por
el Kambio, enfrenta hace rato su propia disyuntiva, por no decir crisis.
Kuczynski no ha generado un círculo de personas, en primer lugar, leales y,
en segundo lugar, políticamente audaces. Porque tener amigos no es lo mismo
que tener aliados y menos en el terreno político.
Desde el tremendo
destape de Carlos Moreno cuyos antecedentes penales fueron olímpicamente obviados
al momento de convocarlo, hasta el ministro enamorado, una torpeza que parece
menor pero que evidencia los pocos reflejos políticos de este gobierno. PPK
va a tener que tomar decisiones y quizá más vale solo que mal acompañado.
http://larepublica.pe/impresa/opinion/826361-la-captura-del-estado-fujimorismo-20
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Doble tragedia en el fútbol
César Lévano
Ayer, cuando se
aproximaban 29 años de la tragedia del 8 de diciembre de 1987, en que
murieron 43 personas, entre ellos todos los jóvenes y prometedores jugadores
llamados “Los potrillos” del Alianza Lima, ocurrió otra tragedia aérea
igualmente dolorosa. En la nueva tragedia han muerto 20 de los 22 jugadores
que viajaban en el avión. Con ellos han perdido la vida también 20
periodistas. Cronistas deportivos y futbolistas unidos en el doloroso empate
de la muerte.
En estas muertes
colectivas hay siempre personajes que ponen notas de sentimiento. En el caso
del Alianza, conmovió la noble actitud del médico Alfredo Tomassini
Gutiérrez, quien durante años se negó a admitir la muerte de su hijo, uno de
los potrillos. Ahora, en el drama de los futbolistas brasileños, se ha
informado que el futbolista Alan Luciano Ruschel, de 27 años, cuando era
trasladado, gravemente herido, a una clínica, preguntaba a cada momento por
su familia y pedía que le guardaran su anillo de matrimonio.
El equipo de los
inmolados el martes, cuando viajaban en el avión de una compañía boliviana,
era un club de cuarta categoría. Ese club provinciano, el Chapecoense,
ostenta el nombre de la ciudad donde ha nacido, Chapecó. En poco tiempo se
hizo de gran prestigio por la notable habilidad de sus jugadores. La prueba
es que viajaba para disputar la Copa Sudamericana con el Atlético Nacional de
Medellín.
Diversos
deportistas y políticos de Brasil están pidiendo que se otorgue a ese club la
Copa que iban a disputar. El Nacional de Medellín se ha sumado a esa
iniciativa. No será así la copa del olvido.
Como muchos
peruanos, nos adherimos a esa propuesta. Como periodista, creemos que se debe
honrar también a los hombres de prensa sacrificados en esa muerte a
medianoche.
Entre los
periodistas que han perecido en el choque de un avión que se partió en tres
al estrellarse contra una montaña, destaca Deva Pascovicci, que era el
comentarista de fútbol emblemático en Brasil. También Mário Sérgio, exjugador
internacional, que a los 66 años de edad trabajaba como comentarista.
http://diariouno.pe/columna/doble-tragedia-en-el-futbol/
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En nombre del miedo
Luis Davelouis
Me da pena que la
gente sienta miedo. Me sorprende también que sea tan común que, cuando las
personas se sienten amenazadas por algo que no conocen o que les incomoda, en
lugar de buscar informarse para entender de qué se trata eso que temen y
decidir si corresponde seguir asustados, prefieran refugiarse en sus viejos
mitos, en sus rezos, en sus centros de reforzamiento y difusión de prejuicios
e ignorancia.
Dicen que la
ideología de género amenaza a la familia y amenaza a los niños y, por eso, no
debe ser enseñada en los colegios. Pues les tengo noticias: la ideología de
género no existe, no amenaza a la familia ni a los niños y lo que sea que
piensen que va a ser impartido en el currículo escolar está equivocado.
¿Alguien cree que
todos los homosexuales provienen de familias “no típicas” o “destruidas” o
“violentas”? ¿Alguien piensa que si un niño crece con dos mamás, será
irremediablemente gay o transexual? ¿Alguien cree que si le enseñamos a Luis,
de siete años, que es perfectamente normal que a José le guste jugar con
muñecas, a Luis le va a empezar a gustar José? Porque de esto último se trata
la igualdad de género, nada más. Me rehúso a creer que haya gente así de
idiota.
Guardando las
distancias, es la misma oposición absurda al matrimonio igualitario. Si
mañana se aprobara, ¿Pepe –a quien toda la vida le gustaron las mujeres–
automáticamente saldrá del clóset y se casará con Pedro? Si sucede, es porque
Pepe tenía sus cosas con Pedro desde antes. Pero digamos que sí, que Pepe se
sintió atraído por Pedro con la ley. ¿Cuándo fue exactamente que a Pepe le
empezó a gustar Pedro? ¿Cuando se votó en el Congreso? ¿Cuando fue
promulgada? ¿O cuando apareció publicada en El Peruano?
En nombre de tu
miedo, que se jodan todos.
http://peru21.pe/opinion/luis-davelouis-nombre-miedo-2263683
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Fiestas por la muerte de Fidel Castro
¿Buena propaganda para el anticastrismo?
Douglas Calvo Gaínza
No es de extrañar
que mucha gente haya hecho fiesta por el fallecimiento de Fidel. Pero a la
vez, ello suscita alguna que otra breve meditación. Concretamente, ahora
recuerdo a Míster Ronald Reagan.
Gracias a él se
cometieron genocidios donde fueron borradas comunidades mayas enteras en
Guatemala. Se auparon las desapariciones de mujeres bajo los uniformados
ladrones de niños en Argentina. Y su apoyo imperial llevó a que fuera
asesinado sobre el púlpito Oscar Arnulfo Romero.
Asimismo, su
gestión presidencial causó decenas de víctimas al pueblo cubano (recuérdese a
cada internacionalista caído en Granada o Nicaragua). Había motivos para
fiestear en La Habana una vez que se lo llevó la Parca. Pero sin embargo,
cuando Reagan murió en el 2004 no hubo fuegos artificiales en Cuba, ni
cerveza y puerco asado en las calles.
Mofarse por el
fallecimiento de otro ser humano es una violación a los sanos instintos
naturales. Y no creo que se diferencien mucho los que saltan de alegría por
la muerte de un anciano de 90 años, de los extremistas que lincharon
públicamente a Muammar-El-Gadaffi. Y mediante tal inhumanidad se arroja
idéntica mala impresión sobre la causa que se defiende. Admitamos que los
rebeldes anti-gadafistas o los anti-castristas de todo el orbe tengan la
verdad absoluta: su insano júbilo ante el deceso de su rival habla de
facultades racionales obnubiladas y pésima habilidad política. Nadie con dos
dedos de frente se divierte ante las cámaras cuando muere nadie, así sea
Gengis Khan, Adolfo Hitler, Stalin o George W. Bush Jr.
En particular, la
muerte de Fidel Castro es evento que con facilidad mueve a impresiones
irracionales, lo cual con fina sutileza captó Obama al comentar: “Sabemos que
estos momentos embargan a los cubanos -a los de Cuba y a los que están aquí-
de emociones muy fuertes, recordando los incontables modos en los que Castro
alteró el curso de sus vidas, sus familias y a la nación cubana”. Tiene
razón, y por ello sería bueno para quien hoy tanto se alegra, el razonar un
poco más antes de dar rienda suelta a lo más primitivo de su psiquis: ¿ayuda
a un futuro inclusivo para todos los cubanos semejante actitud desalmada? ¿Es
con personas que bailan ante una tumba con quienes se construirá una Cuba
considerada “democrática”? En mi criterio, no. Tanta festividad por un viejo
que muere es algo francamente ridículo, que demuestra una gran impotencia
para vencerlo en vida, una rudísima concepción del valor de la sana imagen
pública y sentimientos no disímiles a los de los profanadores de tumbas.
Simplemente, parece un fanatismo adverso a la propia causa defendida.
Conviene más
razonar con sangre fría, sin imaginarse que la muerte de un individuo, sea
quien sea, puede alterar definitivamente el curso de la Historia. La mejor
propaganda para la causa de una sociedad no-socialista en Cuba jamás será el
carnaval por la defunción de una persona nonagenaria que ya no intervenía
activamente en la política de la Isla, sino el raciocinio calmado que busca
lo mejor para todos. En vez de achacar a Fidel cada balsero ahogado en el
mar, piénsese en cordura qué habría pasado con la emigración ilegal cubana si
no se la hubiera recibido con prebendas en USA. ¿Habría habido tantos muertos
si cada “balsero” fuera devuelto ipso facto a la Isla? Y, ¿por qué los EEUU
no hacen una “Ley de Ajuste Mexicano” o “Ley de Ajuste Haitiana”…? ¿Son “refugiados
políticos” todos los que emigran desde Cuba a Norteamérica? ¿Son malvados
dignos de muerte todos los izquierdistas de la Isla? ¿Qué habría que hacer
entonces con Noam Chomsky y Jack London, si hubieran nacido en Cienfuegos o
Sancti Spiritus, ahorcarles? ¿Todo aquel que admira la personalidad histórica
de Fidel Castro es un renegado de la especie humana, o puede haber
“castristas” decentes y de buenos sentimientos? Tales preguntas actuales
exigen respuestas medidas, calmadas, lógicas, y no demostraciones de obsesión
y chifladura mental.
Preguntaba en el
título si las fiestas por la muerte de Fidel Castro son una buena propaganda
para sus adversarios. A mi entender, no. Me parece pésima, igual que si acá
se hacen espectáculos el día que fallezca Posada Carriles. En todo caso, si
Castro fue tan malo como dicen, a los que hoy echan las campanas a vuelo
aquél los contagió con su perversidad, ya que lo llevan en el alma como rey
incitador al rencor y el odio perennes, sin capacidad alguna para la razón.
Por lo pronto,
quede como contraste con los tales la actitud de Fidel al abrir los
aeropuertos cubanos a la aviación norteamericana el 11 de septiembre del
2001. Fue un gesto caballeroso hacia la nación donde se gestaron cientos de
atentados contra su vida, y el cual le favorece mucho más como ser humano que
lo que ahora ayuda a esos “fiesteros” su insensibilidad. Aun admitiendo que
él haya sido un déspota y demás, los que hacen gala de brutal necrofilia al
mofarse de su gastado cadáver (que bien podría ser el de su propio abuelo)
son también víctimas de una cruel tiranía: la de su ciega intransigencia, ésa
que los inhabilita para cualquier empresa democrática.
Douglas Calvo
Gaínza. Escritor cubano residente en La Habana.
http://rebelion.org/noticia.php?id=219821
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